ALTERNATIVAS
Miguel Ángel Rodríguez E.

Para resolver algunos de los más importantes retos y dificultades de nuestro tiempo, es necesaria una verdadera alianza entre los jóvenes y los viejos.
Objetivamente, en distintos casos los intereses directos de las diversas generaciones no son iguales. Los viejos tenemos un horizonte corto, nuestra esperanza de vida es reducida, los jóvenes tienen un horizonte profundo, su esperanza de vida es prolongada.
Además, como demostré en mi tesis doctoral hace muchos años, el horizonte óptimo de planeación de una persona se acorta con el aumento de la riqueza.
Dos ejemplos sobresalientes de este enfrentamiento de intereses son el cambio climático y la seguridad social.
En cuanto al primero es evidente que quienes difícilmente viviremos pasado el 2030 arriesgamos personalmente mucho menos por el calentamiento global que quienes tienen altas probabilidades de llegar a 2050 y más allá. En cambio, los costos de evitar la catástrofe que implicaría la continuación del calentamiento de la tierra por los gases de efecto invernadero igual los debemos pagar los viejos que los jóvenes.
En cuanto a la seguridad social, los papeles se invierten. Ahora son las personas de mayor edad las más interesadas en que el sistema de seguridad social les pague sus pensiones, pero para los jóvenes ajustes en las contribuciones significan directa o indirectamente mayores costos a lo largo de sus vidas.
Claro que en ambos casos los valores de solidaridad y de amor entre ancestros y sucesores aminoran el conflicto de intereses, pero no lo eliminan totalmente tal como nos lo demuestra la mayor participación de personas jóvenes promoviendo las medidas para mitigar el cambio climático, así como la oposición de los trabajadores al ajuste de las contribuciones para sus pensiones futuras y la reiterada presión para retirar sus saldos en las cuentas individualizadas que financian parte de su retiro.
La familia ha sido a través de los milenios de historia humana el lugar por excelencia en que se crea la alianza entre las diversas generaciones para hacer converger sus intereses. Tradicionalmente los jóvenes aprendían de los mayores, pues el conocimiento dependía fundamentalmente de la acumulación de experiencias del pasado, que eran el patrimonio de los viejos. A su vez los jóvenes eran la seguridad social de los ancianos, pues su fuerza y vigor reemplazaban las perdidas habilidades físicas de sus padres y abuelos.
Pero en el Renacimiento se rompe con la sabiduría de los antiguos y el surgimiento de la ciencia y la experimentación devienen como la fuente del conocimiento. Ahora la aceleración desorbitada del cambio que vivimos hace que el conocimiento sea cada vez más tesoro de los jóvenes y no de los mayores. Esto establece un nuevo equilibrio entre los intereses de las diversas generaciones.
Además, el muy beneficioso cambio en las relaciones intrafamiliares que venimos experimentando con la doma del patriarcado cambió las líneas de autoridad en el hogar con la liberalización femenina, tal vez la transformación del siglo XX más importante para la justicia y el progreso de las sociedades. Pero no hemos terminado de ajustar nuestros comportamientos tradicionales a esta profunda transformación, lo que también incide en dificultar el acuerdo entre generaciones.
Tomar consciencia de esta situación puede ayudarnos a todos a lograr fortalecer el diálogo entre generaciones en las familias, las iglesias, las asociaciones voluntarias, los partidos políticos.
Holanda nos da un buen ejemplo con una interesante innovación. En Hogares para ancianos se invita a vivir a jóvenes estudiantes universitarios sin que tengan que pagar, a cambio de intercambiar con los viejos. Los jóvenes enseñan a los ancianos a comprar por internet, o juegan con ellos tablero, o simplemente conversan sobre temas de interés para unos y otros. Es un sistema en que todos ganan.
Después de la covid, sería muy conveniente experimentar con esta innovación.
Ex Presidente de la República
Fuente: diarioextra.com