ALTERNATIVAS
Miguel Ángel Rodríguez E.

La democracia liberal es el resultado de una difícil conjunción de ideas, circunstancias y hechos históricos.
Depende del equilibrio entre un Estado fuerte que evite la anarquía y una sociedad fuerte que impida la arbitrariedad del Estado. Con ese equilibrio las personas pueden vivir en libertad y progresar disfrutando de igualdad de oportunidades y sin discriminación.
Es difícil construirla y es difícil mantenerse en ella. Prevalece en pocas naciones de la Tierra. Depende de circunstancias y relaciones entre los diversos grupos que componen la sociedad: los que detentan bienes y son emprendedores, las mayorías que predominan en los procesos electorales y los diversos segmentos minoritarios por raza, religión, inclinación sexual, nacionalidad.
En una democracia liberal todos los ciudadanos sin excepción disfrutan: 1.- de derechos patrimoniales esenciales para la producción de bienes y servicios tales como los derechos de propiedad, de emprender, de competir, de contratar; 2.- de derechos políticos que aseguren a todos libre e igual participación en procesos electorales para conformar los poderes públicos y les ofrezcan garantías que protejan sus libertades fundamentales; y 3.- de derechos sociales (llamados derechos civiles en los EE.UU.) que garanticen no discriminación ni en el pago de impuestos ni en la participación en los bienes y servicios que provea el Estado. Todo lo cual constituye un Estado de derecho.
Nosotros somos herederos de 200 años de historia que construyeron nuestra democracia liberal. Claro, es imperfecta. No hemos alcanzado los niveles de bienestar que permitan reducir la pobreza, el desempleo, la informalidad. No tenemos un régimen político que facilite continuar previsoramente adoptando los acuerdos de acción colectiva que nos permitan mejores políticas y servicios públicos. No estamos generando iguales oportunidades de superación para las familias pobres, ni para los pueblos fuera de la Meseta Central.
Pero, con todo, nuestra democracia liberal es una extraordinaria, aunque frágil herencia.
Es fruto de cultura grecorromana-judeocristiana y de las ideas ilustradas de la Independencia de EE.UU., de la Revolución Francesa, de la Constitución de Cádiz, que fueran siendo asimiladas por nuestros antepasados desde el Ciudadano Pablo en adelante. Es resultado de que nuestro primer jefe de Estado fuera maestro y no militar. De que un militar, el General Guardia, después de asumir por la fuerza la Presidencia, la entregara al proceso electoral. Es la apertura de la votación a los hombres que no tenían bienes ni eran letrados, de eliminar el voto público y en grados, y finalmente -tan tarde como 1949- de permitir el sufragio femenino.
Es fruto del café y de la inmersión en el comercio internacional producto de su desarrollo décadas antes que en otras naciones, entonces más ricas. Es fruto de que la escasa población al tiempo de la independencia y la dotación de tierras libres favoreciera cultivos familiares inicialmente pequeños.
Es fruto de tantos patricios que dedicaron el Estado al servicio de la educación pública, y de la apertura de la secundaria a todos y todas en la segunda mitad del siglo XX. Resulta de la calidad y cobertura de la medicina, de la progresiva eliminación de discriminaciones raciales, religiosas, por nacionalidad o preferencias sexuales. Es fruto de las reformas sociales del gobierno del Dr. Calderón Guardia.
Hoy el equilibrio entre el Estado fuerte y la sociedad fuerte que depende de la prevalencia de esos derechos patrimoniales, políticos y sociales se ha debilitado.
La desigualdad ha crecido. Los grupos sociales y los partidos políticos se han fragmentado. El enojo ha generado desdén hacia nuestra institucionalidad.
Estas circunstancias someten a serio riesgo nuestra democracia liberal.
Es hora de ser cautos y cuidarla. Es hora de impedir que se instaure la democracia iliberal o populista que desdeña los derechos patrimoniales y sociales, y conduce a la pobreza y a la discriminación.
Así como es difícil construir la democracia liberal que depende de tantas circunstancias azarosas, así es difícil reconstruirla cuando se pierde.
Seamos vigilantes y protejamos la valiosa herencia que nuestros antepasados con visión, esfuerzo y mucha suerte supieron construir en 200 años de independencia.
Ex Presidente de la República
Fuente: diarioextra.com