ALTERNATIVAS
Miguel Ángel Rodríguez E.

Para quienes tenemos la bendición de una fe trascendente, la muerte es un paso hacia la plenitud, pero significa una separación, y por ello entraña dolor.
En una columna de hace un par de meses sobre cumplir 82 años escribí: “El transcurrir de la vida nos va ofreciendo diversas ocasiones para socializar. De niños son los cumpleaños de amigos y compañeritos en la escuela. Después las primeras comuniones. De adolescentes vivimos los quinceaños de las amiguitas y las graduaciones. Después llega la etapa de los matrimonios y bautizos. Y en la vejez la más frecuente ocasión de encontrarnos con amigos y conocidos son los funerales. Claro, a lo largo de la existencia sufrimos las despedidas dolorosas por la muerte de los padres, de hermanos, familiares y amigos. Y algunos experimentamos la peor de las separaciones, la muerte de un hijo”.
En estos últimos días se agigantó el impacto doloroso de las separaciones con la inusitada frecuencia de las celebraciones de la muerte y la vida que son los funerales.
El sábado 12 de febrero murió mi compañero de colegio y amigo admirado Hermes Sánchez, quien perdió hace 18 años la movilidad de sus piernas, pero supo seguir viviendo con intensidad sus actividades familiares, religiosas, empresariales, y en los últimos años con pasión desarrollo el arte de pintar en muy diversos estilos. En la misa de 6:30 en el Convento San José de las Madres Carmelitas nos daba gran alegría compartir con don Eucario Muñoz y su esposa doña Isabel, quienes vinieron de Colombia como mi padre y abuelos, y honraron nuestra patria desarrollando empresas y dándonos testimonio de unión familiar. El domingo 21 de febrero don Eucario pasó a la Gloria de Dios.
Tres días después sufrimos la separación de nuestra hermana Nydia. Mi amiga desde mi niñez cuando era novia de Millo mi hermano, mi compañera y defensora. Compartí con mis lectores la semana pasada los sentimientos que afloraron al despedir a mi querida Nydia.
Después partió Estrellita Cartín. Nuestra querida vecina ícono de San Rafael de Escazú, la viuda de Willy el compañero de trabajo por años de Manuel Emilio, la admirada literata. La maestra de literatura de Lorena en el Colegio Sion, la hermana de Rosibel (q.d.D.g.), una amiga a la que visité de jovencillo antes de ser novio de Lorena en la casa de don Alejandro su padre.
Con mucho dolor me enteré de la muerte de Jaime Daremblum, un extraordinario costarricense que con sus éxitos profesionales y diplomáticos favoreció grandemente a Costa Rica. Un pensador serio y profundo. Un patriota amante de la dignidad humana y la democracia. Un hombre de familia con arraigada religiosidad. Mi amigo y compañero desde la juventud. Mi consejero y apoyo.
Después de luchar contra un cruel cáncer, murió Lilliana Salas. Me apoyó en las campañas políticas. La recuerdo haciendo proselitismo en su San Ramón, pero también a lo largo de la carretera que por la cima de las montañas comunica Tilarán, Abangares y Montes de Oro. Fue una gran diputada, una muy linda señora, gran costarricense. Lilliana fue, con Mario Calderón y Olman Vargas, una de los únicos tres diputados del PUSC que junto con Juan José Vargas votaron en contra de pedir mi renuncia como Secretario General de la OEA, cuando lo único que había era la acusación falsa de Lobo.
Después vino la muerte de mi vecino y amigo de infancia Carlos Montealegre Quirós. Invitado por sus papás a las fincas cafetaleras El Barrial y La Guaria aprendí a la par de Carlos y de Arturo su hermano, a coger café, a enyuntar los bueyes con la carreta y a conducirlos por los senderos del cafetal para recoger el café de las canastas de los cogedores.
Después me enteré de que mi amiga de infancia Graciela Astúa, prima de mis vecinos y amigos de infancia, los Soley Soler, había perdido a su esposo, el admirado ingeniero y empresario Eddy Bravo, quien laboró muchos años con Jorge Clare, el tío de Lorena.
Además, sufrimos en estos días todos los humanos el dolor de las muertes en Ucrania causadas por la inhumana invasión rusa, y los costarricenses el drama de los asesinatos que sacuden nuestra sociedad. Nada menos que siete personas ajusticiadas en un macabro evento en Limón la semana pasada.
Muertes naturales de seres queridos y admirados. Muertes injustificadas por la violencia asesina. El dolor para tantas familias por la separación de personas a quienes amamos. La vejez nos enseña a convivir con la muerte y nos prepara.
Pido a Dios nos bendiga a todos con fe en su infinita misericordia y nos dé el consuelo de saber que un día nos encontraremos en Su Gloria con quienes nos han precedido en ir a Su encuentro.
Ex Presidente de la República
Fuente: diarioextra.com