ALTERNATIVAS

Miguel Ángel Rodríguez E.

Dr. Miguel Angel Rodriguez Echeverria

El fin de semana antepasado tuve la dicha de asistir a la boda de una amiga muy querida a quien admiro por sus realizaciones y a quien con su hermana y hermano aprendí a querer por mi amistad con sus padres desde que eran niños.

Fue una boda en La Fortuna.

Lorena y yo viajamos con una querida pareja amiga de jóvenes, y al seguir de La Fortuna hacia el Volcán Arenal en busca de nuestro hotel, pasamos por una muy amplia y atractiva tienda de artesanías, que a mí, que soy poco de tiendas, me movió a pedirles que la visitáramos antes de la boda.

Así lo hicimos y fue una magnífica experiencia. Una tienda muy lindamente ordenada, con la mayor colección de artesanía representativa de nuestras producciones que recuerdo haber visto, piezas bellas, escogidas con muy buen gusto y gran tino.

Los cuatro la recorrimos por más de una hora. Fuimos atendidos por gentiles vendedoras y por Dylan, una linda persona especial que estaba esperando con entusiasmo el juego de esa noche para ver ganar a su y mi Saprissa. No lo pude yo ver ese juego pues era durante el matrimonio, y no se nos dio el triunfo esa noche en casa del Club Sport Herediano, pero si en el segundo juego en La Cueva, lo que nos permitirá empezar la serie final ante los rojiamarillos el domingo posterior a cuando este artículo escribo.

Después de que Lorena y nuestros amigos comprasen algunos bellos “suvenirs” en el Mercado de Artesanías La Pradera en La Fortuna, señalé a las vendedoras lo que son las alforjas, palabra de uso muy corriente en el pasado por nuestros queridos campesinos, y hoy olvidada. Lorena tenía interés en las pequeñitas de fibra en que llevaban los trabajadores agrícolas el almuerzo, o se los llevaba uno de sus güilitas. Tenían unas grandes de suela curtida y les mostré cómo se podían llevar sobre los hombros y no solo en ancas de un caballo.

Salimos a un corredor al frente del almacén para volver a admirar una bellísima escultura de un caballo armado con piezas de madera y a que nos enseñaran una larguísima culebra tallada en una raíz encontrada sobre un pantano en la zona de Guápiles.

Allí tuve la suerte de encontrarme con don Mauricio Villegas, el dueño y fundador de ese magnífico establecimiento, quien gentilmente compartió con nosotros. El Mercado de Artesanías La Pradera representa el espíritu emprendedor, innovador y perseverante de los empresarios especialmente sancarleños y de La Fortuna como es el caso de don Mauricio, que han sido los principales desarrolladores de esa próspera zona, que tanto turismo atrae y tanto trabajo formal y bien pagado han generado.

Don Mauricio empezó hace unos 30 años con un pequeño restaurante, y después construyó habitaciones. Desde entonces los atiende junto con su familia, dos hijas Fabiana y Carolina y un hijo Dylan a quien ya habíamos tenido el placer de conocer.

Hace unos siete años don Mauricio viajó a Santa Cruz y trajo una colección de artesanía de tradición chorotega, que puso en una pequeña mesa frente a su restaurante, y encargó a Fabiana de atender.

Al final del día habían vendido ¢60.000 que era un monto muy significativo. Amplió la mesa, y fue creando con innovación, perseverancia, buen gusto y mucho trabajo de él, de su familia y colaboradores el magnífico establecimiento que es hoy el Mercado de Artesanías. Hoy opera a la par de su restaurante y del hotel.

Que buen ejemplo para lo que requiere el país en estos años duros que vivimos nosotros, la economía y la paz mundiales.


Fecha de publicación: 31-Octubre-2022

Fuente: diarioextra.com


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