ALTERNATIVAS
Miguel Ángel Rodríguez E.

Por gracia de Dios y sabiduría de Lorena, llegamos este 14 de diciembre a nuestro sexagésimo aniversario de matrimonio. 60 años de vida matrimonial son muchos años.
Lorena y yo somos muy diferentes de aquellos güilillas que juntamos nuestras vidas en la Iglesia de Santa Teresita, arropados en el caluroso amor de nuestras familias, de sus amigos y de los nuestros.
Nos ha bendecido Dios con cuatro hijos y seis nietos que nos han llenado de alegría.
Miguel Alberto, el mayor, nos dio 15 años de felicidad. Felipe solo vivió unas horas, vivimos la ilusión de su gestación y sabemos que nos da su amor. Andrés y Ana Elena son hoy nuestra principal alegría y fuerza, junto con Vanessa la hija maravillosa que nos llegó a alegrar con el matrimonio de Andrés. Alberto desde el Cielo estoy seguro de que intercede por Ane, y sus tres maravillosos hijos: Julián, Cristiana y Emiliano. Ellos junto con los tres nietos mayores que ya son graduados universitarios, Sebastián, Antonio y Luisana, nos inyectan vida, juventud, energía y nos modernizan.
Gracias a Lorena, nuestro matrimonio ha sido bello como el diamante. Dios, hijos, nietos, familia, amigos y la vida han ido puliendo nuestra familia, así como el joyero desgasta las caras del brillante. Algunas veces la pulida ha sido muy dolorosa, pero en la unión del matrimonio hemos encontrado la fuerza y la resistencia del diamante para superar las pruebas y reflejar luz, no rencor ni odio. Gracias a Dios y al pulido nuestro matrimonio ha generado frutos: hijos y nietos que nos llenan de felicidad y cuyas vidas son nuestro orgullo; familiares y amigos que nos han dado su afecto; experiencias intensas en muchos campos.
El sufrimiento de la muerte y la separación, de las derrotas y las frustraciones, de las persecuciones pudo ser superado por la bondad de Dios y por la fortaleza de la unión familiar. Pudo ser resistido por la fe, por los apoyos de familia y amigos, por el amor de la unión que sobrepasa nuestras debilidades. En algunas ocasiones la vida nos ha dado brillo: en los éxitos de hijos y nietos, en la hípica de Lorena, en la vida académica, en actividades empresariales, en realizaciones políticas, en los progresos de familias a las que hemos podido auxiliar. Siempre hemos sabido que son brillos pasajeros que alegran, pero que no son la fuente de la verdadera felicidad.
Lo que de verdad nos ha dado felicidad en estos 60 años es el amor. El amor que significa que mi bien es el bien de mi pareja, de mis hijos y nietos, de mis amigos, de quienes necesitan mi apoyo.
El amor que significa estar abiertos a reconocer nuestros yerros, a perdonar los errores de los demás y los propios, a luchar incesantemente por ser mejores, y a no desfallecer ni por nuestras faltas ni por las de los demás.
60 años después de aquella tarde en Santa Teresita podemos decir que la vida es bella. No porque vivamos en el mundo imaginado para su hijo por el personaje de Roberto Benigni en la película con ese nombre.
La vida es bella porque Dios nos creó por amor, para el amor, porque Dios nos ama, y porque podemos amar.
El matrimonio y la familia son extraordinarios caminos para desarrollar nuestra capacidad de amar.
Fecha de publicación: 19-Diciembre-2022
Fuente: diarioextra.com