Actualizado el 16 de octubre de 2016 a las 12:00 am

Se requiere un grupo que pueda hablar y escuchar, disentir y llegar a arreglos

POR Miguel ?ngel Rodr?guez

En su refer?ndum, los colombianos manifestaron su voluntad. Participativamente se expres? en las urnas la democracia de Colombia.

En un pueblo dividido en mitades, una ligera mayor?a se opuso a lo negociado con las FARC como camino a la paz.

Despu?s de la votaci?n, los tres bandos ?el gobierno promotor del acuerdo, los opositores al acuerdo y los guerrilleros? han expresado su voluntad de contribuir a alcanzar la paz. El expresidente Andr?s Pastrana, luego de su reuni?n con el presidente Juan Manuel Santos, manifest?: ?Ahora todos estamos con el s??

Con el refer?ndum, vivi? Colombia la expresi?n de la m?s aut?ntica democracia participativa, que se da con el concurso directo de los ciudadanos y no con el mito populista de su encarnaci?n en un l?der autocr?tico.

Pero una vez dado el veredicto popular, la democracia ?para poder serlo? debe volver a funcionar mediante la representaci?n de los ciudadanos. Todo el pueblo junto no puede dialogar, negociar y convenir acuerdos.

Se requiere un grupo de representantes que puedan hablar y escuchar, disentir y llegar a arreglos. Se trata de la representatividad de todos los ciudadanos, y no de la clasista integraci?n del ?gora ateniense soportada por metecos y esclavos.

Incorporar. Ahora lleg? la hora de los representantes. Para alcanzar la paz, el gobierno del presidente Santos, que por cuatro a?os ha venido negociando con las FARC, debe redoblar su capacidad para alcanzar modificaciones que permitan que los colombianos del ?no? se incorporen al acuerdo.

Los representantes de las FARC han expresado contundentemente que quieren la paz y la actividad pol?tica civilizada, la continuidad del armisticio y no la guerra. Para lograrlo, deber?n mostrar su creatividad y dirimir algunos de los m?s controvertidos elementos del plan de paz firmado.

Y los representantes del ?no?, que pregonan su deseo de paz y ser ahora del ?s??, deber?n flexibilizar sus posiciones, entendiendo que quienes rinden las armas no lo har?n sin unos m?nimos de bienestar garantizados.

Unir. La tarea no es f?cil para ninguno de los tres grupos. Pero unir las voluntades colombianas en un haz de voluntades que puedan construir la paz en ese querido pa?s, bien vale el mayor de los esfuerzos.

Recuerdo el dolor de mi padre, nacido en Sincelejo, cuando nos contaba las angustias de su familia al fenecer del siglo XIX, cuando a causa de la Guerra de los Mil D?as salieron en una recua de mulas para embarcarse en Cartagena, llegar a Lim?n y encontrar la paz.

Esa paz que por bondad de Dios y acciones de nuestros antepasados tenemos la dicha de disfrutar los costarricenses, la desean casi todos los colombianos.

Alcanzarla depender? de la buena voluntad, la sabidur?a y el desprendimiento de sus representantes. Pido a Dios que los ilumine.

El autor es expresidente de la Rep?blica.


Fuente: La Naci?n


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